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to.braid — to.gather
exhibition

Naomi Melville

to.braid — to.gather

november

12

january

22

(ES)

Desde el umbral de entrada vislumbramos líneas, otras marcas y gestos, escrituras que organizan un paisaje tejido hilo a hilo. Dentro, dos grandes instalaciones se encuentran frente a frente: ‘Relire-relier’ y ‘Suspectés d’hérésie’. La primera es una inscripción tallada en madera que se torna infinita cuando la imagen de una de sus caras choca con un espejo. La segunda, un eco coral bordado sobre una gran pieza de algodón, cuya autoría la artista comparte con el compositor Carlos de Castellarnau.

‘Globe’ se ofrece al otro lado, a través de diecisiete fragmentos de vidrio que tratan de acordar una forma de pertenencia al mundo desde su fragilidad y transparencia. Y arriba ‘Labor’ que, sin revelarse en primera instancia, se afirma como dispositivo central; su único cometido: trenzar (to braid —) el tiempo, que corre de forma constante e inexorable. La galería en su conjunto, leída como un libro de artista de grandes dimensiones, ha sido convertida en multiverso.

La obra de Naomi Melville invita a una relectura del tiempo y de la historia para reparar en sus indicios, para reunir (— to gather) las pistas de un acertijo o enigma ineludible. Releer para recorrer el tiempo dilatado, atravesar el eco y reparar ahora en una factura reposada, à la main. Y es la mano desnuda la que trata de descifrar el enigma, recreándolo cuando traspasa la tela con una aguja, o cincela la madera con una gubia. También cuando calcula a través de un software la forma en que la luz hará funcionar un cuadrante solar.

 

(EN)

From the entrance threshold we see lines, other marks and gestures, writing that organizes a landscape woven thread by thread. Inside, two large installations face each other: ‘Relire- relier’ and ‘Suspectés d’hérésie’. The first is an inscription carved on wood that becomes infinite when the image of one of its faces hits a mirror. The second: a choral echo hand- embroidered on a large piece of cotton, whose authorship the artist shares with composer Carlos de Castellarnau.

‘Globe’ breathes on the other side, through seventeen fragile and transparent glass fragments trying to agree on a way of belonging to the world. Up, ‘Labor’ awaits and without revealing itself in the first place it becomes a central device; its singular task: to braid — time, which runs constantly and inexorably. The gallery as a whole, read as a large artist book, has been transformed into a multiverse.

Naomi Melville’s work invites us to a re-reading of time and history in order to notice signs, — to gather the clues of a riddle or an unavoidable enigma. To re-read and navigate a time that has been expanded, to traverse the echo and accompany a steady workmanship, à la main. And it is the naked hand that tries to decipher the enigma, recreating it when it pierces the cloth with a needle, or chisels the wood with a gouge. Also, when it calculates with a software the way in which the light will activate a sundial.